A ti, mujer:
Hija de Dios, privilegiada del Padre, guerrera inquebrantable,
a ti, hoy te honro y te bendigo.
Que esa gracia siga extendiéndose y derramándose de tus manos.
La hermosura es
engañosa,
la belleza es una
ilusión;
¡sólo merece alabanzas
la mujer que obedece a
Dios!
Proverbios 31:30

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